Para reducir el riesgo de hipertensión casi todos tenemos claro que hay que hacer una dieta “hiposódica”, es decir, muy pobre en sal.

El sodio atrae el agua, lo que ocasiona una mayor retención de líquidos , aumenta el caudal sanguíneo y finalmente incrementa nuestra tensión arterial.

Lo mejor es alejar el salero de nuestra mesa y sustituirla por otras cosas más sanas como condimentos naturales, que aporten sabor a la comida y nos hagan olvidar la necesidad de la sal. Por ejemplo limón, ajo, cebolla, orégano, perejil…

Pero la dieta no se queda ahí. Hay que tener en cuenta otros consejos como:

  • Evitar el consumo excesivo de pan y los productos de pastelería.
  • Leer las etiquetas de los alimentos envasados y evitar el consumo de los productos que contengan aditivos con sodio como glutamato monosódico.
  • Cuidado con los alimentos desecados con sal (bacalao, carne ahumada, pescados ahumados) y con los envasados concentrados (sopas en polvo y condimentos como el ketchup).
  • No ingerir bebidas carbónicas ni productos lácteos enteros (con toda la grasa de la nata).

La hipertensión, en la mayoría de los casos es un enemigo silencioso; podemos no tener síntomas y sufrir esta enfermedad. Para prevenirla y cuidar nuestra salud, se recomienda “comer sano”, además de ir a revisarse periódicamente en el médico.

Procurar evitar comer alimentos precocinados y enlatados, aumentar nuestra ingesta de pescado, cereales, frutas y verduras, vigilar el peso, dejar de fumar, cocinar con especias en lugar de sal… Muchos consejos que, de primeras, parecen imposibles de seguir, pero que con el tiempo se convertirán en nuestra rutina diaria y mejorarán nuestra calidad de vida.