Cuando oímos hablar de Enoturismo, en seguida nos viene a la mente la imagen de una buena copa de vino y de un turismo de calidad. Esto indica que nos gustan las cosas buenas, que, por otro lado, no tienen por qué ser caras necesariamente.

Castilla y León puede presumir, no sólo por sus guisos, asados y platos tradicionales, sino por poseer algunos de los mejores viñedos donde nacen vinos excelentes, algunos de prestigio internacional, y otros, que cuentan con una menor proyección, pero de calidad indiscutible. Es el caso de Palencia, que tiene tradición vitivinícola y produce caldos de calidad.

Esta provincia cuenta con vinos de dos Denominaciones de Origen: Arlanza y Cigales.

En el caso de la de Arlanza, hay que nombrar a Torquemada, donde vivieron ilustres personajes de la Historia y conserva unas 500 bodegas subterráneas.  Estos atractivos hacen que el Enoturismo vincule el placer de un buen vino a un turismo “con fundamento” en una localidad cada vez más conocida.

Y la Denominación de Origen Cigales, que aunque pertenece principalmente a Valladolid, incluye Dueñas, siendo la Bodega de Remigio de Salas Jalón  la única de la provincia adscrita a la D.O.

La tradición vitivinícola de Palencia se vincula a sus reminiscencias históricas, para plantear una forma de hacer turismo diferente, y unido de algún modo al buen hacer gastronómico de la zona, que se convierten en atractivos suficientes para captar visitas de diferentes partes del mundo.

El enoturismo es un nicho interesante para reflotar la economía de la provincia, ya que pueden vivir de él tanto las bodegas, como los negocios locales, restaurantes, hoteles, etc.

Para fomentar esta faceta empresarial palentina, se han ido desarrollando jornadas, respaldadas por organismos públicos, con objeto de promocionar este tipo de turismo, acerca de: perfil de los visitantes, distintas rutas del vino, gestión de recursos, campañas de marketing y publicidad….  También se han realizado visitas a algunas de las bodegas y se ha hablado de las futuras tendencias del enoturismo.

Y es que no hay nada como disfrutar de un sorbo de buen caldo de la tierra, acompañado de un sabroso asado, y descansar plácidamente en una casita rural emplazada en un paisaje idílico embebido de de años de historia y tradiciones arraigadas.